viernes, 3 de julio de 2015

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No importa lo caído que este tu pecho, reafírmalo con estos trucos.

La piel de los senos es extremadamente fina, tiene muy pocas glándulas sebáceas y carece de músculos y ligamentos que lo sostengan. Se asienta sobre los pectorales mayores, pero está sujeto solo por el sostén natural de la piel que va desde la barbilla a los senos. El pecho alcanza su plenitud entre los dieciséis y dieciocho años, cuando los senos son altos, firmes y con los contornos bien definidos. Con la edad disminuye la elasticidad de la piel (las fibras de colágeno y elastina se degradan y su producción se ralentiza) y la glándula mamaría, debido a su peso y a la fuerza de la gravedad, cae y se desplaza hacia las axilas. Su tamaño depende de la constitución de la mujer (aunque puede cambiar con el paso del tiempo y si se ganan kilos), y la forma se hereda de las ramas femeninas de la familia tanto materna como paterna. ¿Qué podemos hacer para conservar los senos jóvenes? Mantener unos cuidados diarios La piel necesita, sobre todo, hidratación para mantenerse elástica. En principio, bastará con que nos acostumbremos a nutrir la zona de los senos y el escote con una crema hidratante. A medida que pasen los años, la hidratación se puede complementar con productos específicos que aporten elastina, colágeno, vitaminas y extractos tonificantes, como el castaño de indias, y estimulantes, como lacentella asiática. El frío también es muy eficaz para mantener el pecho firme. Resulta beneficioso pasar alrededor un cubito de hielo envuelto en tela, compresas mojadas después de enfriarlas diez minutos en el congelador o usar una especie de pequeños flotadores que se enfrían en la nevera. Un buen hábito es terminar la ducha de cada día con agua fría (fresca, no helada) o, mejor aún, duchar cada seno (rodeándolo de fuera a dentro), durante uno o dos minutos. Una vez al mes viene muy bien un tratamiento intensivo. Se trata de realizar una exfoliación suave con un producto específico o, en su defecto, con uno de los que se usan para el rostro y, después, aplicar una buena mascarilla reafirmante.


Evitar hábitos perjudiciales
Es fundamental mantener siempre una buena postura: espalda recta y cabeza alta y ligeramente echada hacia atrás (los hombros hacia delante favorecen el descolgamiento del pecho). No conviene dormir boca abajo, es mejor hacerlo de lado. Hay que evitar los largos baños de agua caliente, los masajes bruscos, los deportes violentos o que impliquen saltos como equitación, baloncesto o aeróbic, y las dietas rápidas. Conviene evitar el sol, que deteriora las fibras elásticas y deshidrata la piel (hay que usar como mínimo un factor 20 de protección). No prescindir del sujetador, aunque el pecho sea pequeño. Este debe tener tirantes anchos y ser de la talla adecuada.

Realizar deporte

Cualquier ejercicio que fortalezca los pectorales, sobre los que asientan los senos, ayuda a mantener el pecho erguido. El más completo es la natación, que aúna el ejercicio con el masaje del agua. Si no podemos practicar un deporte, debemos hacer cada día algún sencillo ejercicio y repetirlo diez o doce veces: Extender los brazos al frente y cruzar las manos en movimiento de tijera. Con los brazos en cruz hacer girar las manos en círculos. De pie, a unos 80 centímetros de la pared, apoyar las manos, doblar los codos y tocar la pared con la frente. Elevar los brazos a la altura de los codos y apretar una mano contra otra.

¿Y durante el embarazo y la lactancia?

Desde el primer mes de embarazo los senos aumentan de tamaño, y alcanzan su plenitud con la lactancia. En el embarazo debemos cuidar el pecho llevando siempre un sujetador de tirantes anchos adaptado a sus cambios de volumen y aplicar masajes y cremas antiestrías que hidraten la piel y la mantengan elástica.

También podemos hacer ejercicio o nadar. Cuando se está dando de mamar, no se deben aplicar cremas de tratamiento, salvo que especifiquen que se pueden utilizar durante la lactancia. Sí se puede usar aceite de oliva y cremas hidratantes, y practicar ejercicios para fortalecer los músculos.



¿Cuándo es recomendable la cirugía estética?

Si el pecho se deteriora tanto que ningún tratamiento es capaz de recuperarlo, hay que recurrir a la cirugía estética. Es el cirujano quien determina, de acuerdo con su paciente, el tipo de intervención. Las tres intervenciones más habituales son: Mastopexia, para elevar y remodelar un pecho caído. Esta, a veces, se combina con la mamoplastia de aumento, en la que se introducen unas prótesis a través de una incisión en la zona de la axila o alrededor de la areola. Mamoplastia de reducción, en la que se disminuye el tamaño de un pecho excesivamente grande. En el caso de mujeres que ya son o quieren ser madres, se recomienda postergar estas operaciones hasta que hayan decidido no tener más hijos.


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